Basílica de San Pedro de Alcántara.

La basílica paleocristiana de San Pedro de Alcántara es un importantísimo monumento que se fecha muy probablemente en el siglo VI D.C. Su importancia radica en que nos muestra uno de los ejemplares más antiguos de iglesia cristiana de la Península Ibérica. A lo largo del siglo V había ido desapareciendo el poder romano y afirmándose el de los visigodos que tuvieron que contar con la mayoritaria presencia de los hispano-romanos y de sus élites pero desde el año 552 hasta el 613-5 esta zona estuvo, como buena parte de la costa hispana mediterránea, bajo el poder bizantino.

Entre hispano-romanos, visigodos y bizantinos la costa andaluza sigue manteniendo los contactos con otras zonas mediterráneas que habían inaugurado los fenicios alrededor del milenio y media antes y conectándolas con la costa atlántica europea.

Al visitante que se acerque a ella le llamarán la atención fundamentalmente tres cosas: la propia estructura de la basílica, que se puede seguir perfectamente en los restos visibles, la sorprendente pila bautismal que hay en ella y un conjunto de tumbas que se diseminan a su alrededor. Las tumbas que el visitante puede apreciar son una parte de las cerca de 200 que hay en la zona y se pueden situar entre los siglos III y VIII D.C. es decir, que son anteriores, contemporáneas y posteriores a la basílica. En ellas se encontraron restos notables e inscripciones como la dedicada a una niña, Firmana, que han permitido extraer informaciones importantes sobre el lugar de la historia. Es una zona habitada desde muy antiguo y en la que hay población de época romana que quizás se identifica con la Cilniana de que hablan las fuentes literarias.

El edificio en si tiene una planta rectangular con tres cuerpos, uno central, el espacio más importante de culto y dos atrios laterales de acceso, que estaban separados del cuerpo central por una fila de columnas con arcos. A uno le sorprenderá inmediatamente el que haya dos ábsides en los extremos, Se observan también otros componentes constructivos. En particular se puede ver un baptisterio con dos pilas bautismales, una más pequeña rectangular, y otra mayor, excavada en el suelo con una profundidad superior a un metro, con una original forma cuadrilobulada y escalones. Uno de los componentes de interés es que nos permite seguir un momento esencial del ritual en este cristianismo primitivo: el bautismo por inmersión.

La condición excepcional de la basílica fue reconocida poco después de un descubrimiento con la declaración de Monumento Nacional  en 1931. Está protegido con el máximo nivel por el catálogo general del Patrimonio Histórico Andaluz, y es propiedad del Ayuntamiento de Marbella. Está en estudio su inclusión en un futuro parque arqueológico litoral que incluiría también dos monumentos excepcionales: la villa romana de Río Verde y las cercanas Termas de las Bóvedas.


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